Cristo de las redes,
no nos abandones
y en los espineles
déjanos tu dones.
Enséñanos a tener
los ojos de tus pobres,
que bien te saben ver
aún en medio de sus golpes.
Llénanos de fe
en aquellas ocasiones
que ya nos cueste hacer pie
de tantas inundaciones.
Guarda en tu red la niñez
de otras redes peores,
y ampara, a su vez, la vejez
de los adultos mayores.
Dale a la madre en preñez
una red de bendiciones
y enseña al que joven es,
la paciencia de los pescadores.
Cristo de las redes,
y de nuestros corazones,
que a todos les lleguen:
tu amor y tus favores.